Lawyerpress publica el eBook «Mediación»

Lawyerpress publica el eBook «Mediación»

Lawyerpress publica un exhaustivo análisis sobre la mediación en formato eBook llamado «Mediación» de descarga gratuita. Ésta publicación recoge a 23 autores que nos hablan sobre diferentes aspectos y ámbitos de la mediación.

Podéis descargar el eBook completo publicado en la web en el siguiente enlace: eBook completo en la web de Lawyerpress

Os dejamos uno de los artículos que nos ha parecido mas interesantes el de D. Agustín Azparren Lucas, magistrado en excedencia, exvocal del CGPJ y socio del despacho Martínez-Echevarría Abogados. 

   » Cuando alguien tiene el privilegio de trabajar como mediador, tras haber cerrado por acuerdo casi tres-cientos litigios en los últimos dos años tras la puesta en marcha del Área de Mediación del Despacho Martínez-Echevarría, y cuando se ha comprobado personalmente la satisfacción de las partes tras el acuerdo alcanzado, el agradecimiento a la labor del mediador y el cumplimiento voluntario de los acuerdos, resulta difícil explicar por qué los ciudadanos siguen sin acudir a la mediación o por qué los abogados no aconsejan a sus clientes intentar previamente la resolución del conflicto por esta vía.

Son conocidas las repetidas ventajas de ahorro de tiempo, dinero y sobre todo, beneficios para la salud, que tiene resolver un litigio en uno o dos meses, incluso en días, en lugar de años, en un ambiente relajado en contraste con el estrés que produce todo proceso judicial, no solo para las partes sino también, en muchas ocasiones, para los aboga-dos; pero aparte de esas evidentes ventajas, la mediación también tiene otra, que valoran especialmente las partes en conflicto, y es que la mediación les permite contar su caso, dar su versión, hablar en definitiva, siendo escuchadas sin limitación alguna.

Los abogados saben que una de las mayores frustraciones de los clientes cuando se celebra un juicio en el ámbito civil, es que la vista se haya desarrollado, sin que el juez haya oído al cliente. Les resulta sorprendente que un juez pueda resolver “su” asunto sin haberle oído en ningún momento, y menos aún lo entienden cuando se les explica que solo pueden hablar si lo ha pedido previamente el abogado de la parte contraria. O que incluso cuando se ha acordado su interrogatorio, no pueden hablar de lo que quieran sino solo de lo que les pregunten, cortándoles la palabra el Juez cuando pretenden explicar lo que ellos consideran de mayor importancia.
Pues bien, en el proceso de mediación las partes son protagonistas, hablan de lo que quieren y tienen enfrente una persona que les escucha, pues todo lo que expliquen le vale al mediador para valorar el origen del conflicto, los verdaderos intereses de las partes, y en definitiva para practicar la consabida “escucha activa”.

Y no solo son las partes las protagonistas sino que son quienes (con la ayuda del mediador) van a resolver el litigio, ya no es un tercero (Juez o Árbitro) sino ellos mismos quienes “dictan sentencia”.

Muchos ciudadanos se sorprenderían cómo, en ocasiones, y aunque parezca increíble, la solución alcanzada tras un acuerdo de mediación es más satisfactoria para las dos partes que si hubieran obtenido una sentencia favorable. Esto que parece difícil de creer sucede en algunos casos, dado que la mediación se desarrolla en un marco mucho más amplio (o quizás “sin marco”) y sin las limitaciones que tiene un proceso judicial, donde los márgenes de solución quedan limitados por las alegaciones de las partes y por la aplicación del derecho, y donde si gana una parte la otra pierde, o ganan y pierden en parte.

Los acuerdos de mediación pueden suponer compromisos en los que ambas partes pueden beneficiarse y obtener parte de sus pretensiones, pero existen otros casos en los que las dos partes consiguen satisfacción plena, por muy sorprendente que esto resulte a quienes tienen en mente los conflictos judicializados, en los que, sin embargo, si resulta posible y no tan inhabitual el supuesto contrario, es decir, que ambas partes queden insatisfechas.

Prueba evidente de la aceptación de las partes con los acuerdos alcanzados, es que en ninguno de los casos que han terminado por acuerdo en nuestro Área de Mediación, las partes han tenido que acudir a la ejecución forzosa del acuerdo, es más, en ningún caso ha sido necesario elevar a escritura pública el acuerdo formalizado conforme a la Ley 5/2012, de 5 de marzo, de mediación en asuntos civiles y mercantiles, requisito que sería necesario para darle fuerza ejecutiva al acuerdo, o si se quiere, para que el acuerdo de mediación tenga la misma validez que una sentencia judicial.

A medida que vayan alcanzándose más acuerdos a través de este sistema de resolución de conflictos, más ciudadanos lo irán conociendo e irán dando a conocerlo a los demás, sin embargo este sistema de difusión, si bien es eficaz, es muy lento para que empiece a cambiar la cultura del litigio en España, se necesita difusión institucional, o privada (por lo que hay que aplaudir la iniciativa que en este sentido ha adoptado Lawyerpress), o quizás adelantaríamos muchos pasos, si como decía hace unos días el recién nombrado Presidente de la Sección española del Grupo Europeo de Magistrados por la Mediación (GEMME), Luis Aurelio Gonzalez Martín, “ayudaría mucho que la mediación fuera obligatoria”.
No se puede obligar a las partes a que lleguen a un acuerdo, la voluntariedad del proceso de mediación es lógicamente incompatible con obligar a alcanzar un acuerdo, y hasta ahora pensaba que solo se podría obligar a asistir a una sesión informativa, ahora me pregunto, como propone el presidente de GEMME, y ¿por qué no establecer como paso previo a la interposición de una demanda la asistencia obligatoria a una sesión de mediación?
La ley de Mediación Civil y Mercantil lo que dice (art. 6. 3) es que “nadie está obligado a mantenerse en el procedimiento de mediación ni a concluir un acuerdo”, lo que no excluye que si pueda “obligarse” a iniciar un proceso de mediación.

El ejemplo lo tenemos en Italia donde aumentaron considerablemente los acuerdos por mediación cuando se introdujo la obligatoriedad de acudir a ella.

La experiencia negativa de la obligatoriedad del Acto de Conciliación previo, puede ayudar a no cometer los mismos errores.»